I.
Aquella Noche fue anoche. Quizá la resaca me saque las ganas de levantarme pero otra vez la realidad se va a abrir de piernas al despuntar el sol. Cristales de vinilo parpadean en rocas prontas a romper. Las sábanas me acompañan hasta el baño y se pierden en el camino. El licuado de banana discute con el Marqués de Sade de algo hecho plastilina que se agrupa en el lavadero. Una mirada pasa rebanando el aire. Hay algo de lindo entre la pava, el café con leche y las tostadas. Las burbujas gritan libertad y los cuatro se disponen a comer.
II.
Tanta gente linda y yo sin mis lentes de contacto. Un viejo estrena sus gafas verdes y coquetea en silencio con un millón de mujeres. Sansón y Aquiles de plástico y alquitrán se debaten en una gambeta. Torres de marfil crecen a la distancia y el silbido de una sirena se apaga entre la sal y el paladar. Los barriletes de blanco y los aviones de negro, en la roca más alta se celebra la ascensión del hijo de Dios al Nirvana suburbia. Una vez y por siempre.
III.
¿Qué hora es? Quiero retruco. Esperá que me pongo linda. Promesas de un ángel de carne y visiones de piel se cierran sobre un día agitado. Luces de acrílico y cuerpos de porcelana se repiten en calles vacías, postrándose en dirección a La Peatonal. La noche se desparrama en un eterno poema de estrellas dirigido por la luna y el sol. Me deshago entre una pelea de tangas callejeras y la coronación del rey masturbador. La J se pelea con la reina y se va a vivir con los ochos y los nueves. Una boca, media boca, un cuarto de boca, un labio, dos lenguas, sesentaycuatro dientes. El aceite gotea en la madrugada la frustración de una noche sin sexo.

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