
Prometí a Mr. Vonage, por otro lado, hacer un esfuerzo especial por ‘be positude’ cada vez que piso ese tatami del ostracismo neoliberal, ese eso de pegajoso telgopor y felpita color verde. Porque si bien la plata es dulce caramelo crema de cielo no está bueno abrir las gambas por unas moneditas más en la mesita de luz. Día a día, con una regularidad que ya no sorprende a nadie, la baba se me escurre incrédula-incrédula por entre los oídos. ¡Soy parte del sistema! ¡Viva Marx! ¿Qué importa si el 2x1 es alienación y adoctrinamiento cuando al final del mes me puedo comprar cosas en Falabella? Me siento atrapado entre la indigencia y la esclavitud: trabajo en una compañía de botox y cartulina para sólo mirar en las vidrieras las cosas de plástico que ofrecen en la televisión. Si dejo el trabajo me voy a vivir abajo del puente y de hacerlo lo único que obtengo es relativa miseria y total alienación. Soy el bot-o-matic 2500 versión colonial. No me dejan otra alternativa más que sonreír agradecido, garantizando así un cliente satisfecho y que cuando yo me compre una pantalla más grande me pique el bichito de la realización personal. Con cuan poco se puede ser feliz.
El último día de entrenamiento, por supuesto, fue la frutilla en el panqueque. Resulta que por deducciones impositivas varias, como la liga okinawense de frisbee recreativo para la tercera edad, cobro el 19.5% menos de lo que me habían dicho en la entrevista. Happy happy joy joy, andá a quejarte con tu prima, me deducen también del bono y si me descuido me van a deducir los buenos días y la virginidad anal. Así, habiendo jamás tomado una llamada y cobrando 1/5 menos de lo acordado, el lunes empiezo a la-bu-rar en este maravilloso mundo de las telecomunicaciones tercearizadas.


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