domingo, marzo 04, 2007
Mujer
no se me ocurre qué decirte
I wanna be your man
but I'm barely half of one
en cuántos pedazos pensás destruirme?
el tabaco y un par de acordes me protegen
pero no de vos
imperterrita me mirás
en cada gesto y palabra se debaten mil inseguridades
quiero ser tu chico,
querés?
yo sólo creo que puedo mejor pero sé que te necesito
esa sonrisa, esa soltura y desinterés
son la nafta que me quema por dentro
ojalá Platón hubiera tenido razón,
la histeria es de las galletitas la más dulce,
y seríamos sin espacios ni silencios
martes, febrero 27, 2007
184%
101% es una exageración
a veces necesito escribir
vomitar el sinfín de lugares comunes
con una metáfora larga y colorida espero crear una escalera hasta la fama
la palabra que titila tartamuda
y se apaga en una vórtice vital
no trato de vender nada que no pueda comprar
pero me gustaría irme bien lejos y mirar
como las guerras dan lugar a la pasión
como los nervios carroñean la desesperada resignación
edificios de mármol emergen entre el asfalto desangrando acrílico
todo es cristal
mi ojo miope dibuja una ventana de marfil ahumado
veo una generación de grandes mentes empantanadas con hastío
siento la piel aflorar entre los puntos suspensivos de la posmodernidad
oigo silencios devorados por la angustia
oigo obladibladá, dónde está
jueves, enero 25, 2007
Ex-novias de acero
Nena
dónde estás?
extraño el sentimiento al unísono
extraño tu pelo transparentándose entre las sábanas
extraño el sentimiento enquistado
extraño labios púrpura titilando treintaidos bocanadas
extraño el sentimiento
y quizá mañana me despierte y
nunca más voy a verte trepar la enredadera
nunca más voy colgarme de tus pupilas
te veo, no te veo, te veo incierta, distante y de costado
y valles de gluten y porcelana nos separan
tres palabras y te tengo
por un silencio sos mía en la eternidad
nosotros es un sueño de algodón
nosotros es un fantasma que me desvela
por esa rubia sonrisa al teléfono
por esa dulce cintura beatle de plasticola
siento piel rota desgarrada por una brisa
siento vacío en la ansiedad de tus caricias
quiero saborearte en un instante de distracción
quiero olfatearte entre las tostadas y el tocador
quiero oírte respingar mil sueños amarillos
quiero sentirte en la semilla que gotea sin levar
quiero verte
pero el mundo persevera en su redondez
y yo quiero una escalera mecánica para sentarme y descansar
empalagosa histeria
galletitas de dulce de leche con chips de chocolate
amor y paz.
martes, enero 23, 2007
Corpiño de 113
kaury kaury kaury
sos maravillosa, lo sabías?
te respiro éter y te siento tornasol
aguamarina sin sal tras el sol tu silueta
asia del cielo y cristales de oriente
recortan la sutil más deseada
palas en hebilla circunda tu castidad
y en el pecho pandora de los varones
kaury kaury kaury
yaaaaaaawn
martes, enero 16, 2007
Diario de Viaje
I.
Aquella Noche fue anoche. Quizá la resaca me saque las ganas de levantarme pero otra vez la realidad se va a abrir de piernas al despuntar el sol. Cristales de vinilo parpadean en rocas prontas a romper. Las sábanas me acompañan hasta el baño y se pierden en el camino. El licuado de banana discute con el Marqués de Sade de algo hecho plastilina que se agrupa en el lavadero. Una mirada pasa rebanando el aire. Hay algo de lindo entre la pava, el café con leche y las tostadas. Las burbujas gritan libertad y los cuatro se disponen a comer.
II.
Tanta gente linda y yo sin mis lentes de contacto. Un viejo estrena sus gafas verdes y coquetea en silencio con un millón de mujeres. Sansón y Aquiles de plástico y alquitrán se debaten en una gambeta. Torres de marfil crecen a la distancia y el silbido de una sirena se apaga entre la sal y el paladar. Los barriletes de blanco y los aviones de negro, en la roca más alta se celebra la ascensión del hijo de Dios al Nirvana suburbia. Una vez y por siempre.
III.
¿Qué hora es? Quiero retruco. Esperá que me pongo linda. Promesas de un ángel de carne y visiones de piel se cierran sobre un día agitado. Luces de acrílico y cuerpos de porcelana se repiten en calles vacías, postrándose en dirección a La Peatonal. La noche se desparrama en un eterno poema de estrellas dirigido por la luna y el sol. Me deshago entre una pelea de tangas callejeras y la coronación del rey masturbador. La J se pelea con la reina y se va a vivir con los ochos y los nueves. Una boca, media boca, un cuarto de boca, un labio, dos lenguas, sesentaycuatro dientes. El aceite gotea en la madrugada la frustración de una noche sin sexo.
#5 torneo de adjetivación libre
taiwan del debate interno de la destrucción cotidiana
viral estertor glassé de alguna canción aterciopelada
queratina pringosa, líbido de metal
veo veo ¿qué ves?
Ay Kerouack
necesito ir a tirarme al pie de tu cama
y quedarme dormido
y soñar una América
quiero recorrer los Álamos
crucificarme en Tehuantepec
y morir en Tlatelolco
quiero conocer chicas de dulces rulos mejicanos
y amar desnudo contra la pared de un hotel
quiero estrellarme en Sacramento
trastabillar en Detroit
y hacer pie en Manhattan
quiero la trompeta rompiendo
las suaves alas de la Notre-Dame canadiense
deshacerse contra la nieve transfigurada
Ay Kerouack
no quiero nada
no quiero setenta años
no quiero la carne al rojo vivo en esta autopista intergaláctica
quiero algodón
tranvía, tranvía, tranvía
quiero tu sueño de cristal para violarlo en una américa perdida
Ay Kerouack
por momentos me despierto
empujo las lagañas
y el rabillo del ojo susurra mediodía
y entre el blanco y el negro del bop y el jazz
escucho una risa
desquiciada
que salta tras la falda de su madre
y emerge con la torta cósmica.
viernes, enero 05, 2007
Una mujer va mucho más allá de su vagina
Después de tres años de silencio y angustia, volvieron. Fue raro. Se cruzaron por Corrientes y Uruguay, en la puerta de Camelot, y ahí por fin se sentaron a tomar un café. Ninguno de los dos entendía muy bien lo que pasaba, y en aquel momento se creyeron una sola persona. A la semana se volvieron a ver. Al mes ya estaban juntos devuelta. Era tan raro verlos caminando agarrados de la mano, paraban en cada semáforo a darse un beso. Él no la dejaba de mirar y ella no podía sin él. El sexo era maravilloso. Él estaba caliente las veinticuatro horas y ella gemía como una virgen. Tenían quince años otra vez. Pero él era él y ella era ella y lentamente todo terminaba en un matiz grisáceo insoportable. Ella chasqueaba la comisura de los labios y él se retorcía en el asiento. Las discusiones volvieron a ser otra vez y ya no se soportaban. El sexo fue lentamente decayendo. Él era un hombre y ella una mujer, y mucho más allá de su pene y su vagina, se odiaban. Era una resignación de piel, sudor tortuoso de una excitación apagada. La aventura era el día a día. Él ya no trataba y a ella no le importaba. Otra vez Vietnam, El Cairo, Alabama. Otra vez los lugares comunes de la resignación. Ya ni cogían. Él la vió, por última vez, sentada en la ventana del tren de Zona Norte. Parecía una princesita, como sonreía y saludaba. Él la llamó, le dijo que así las cosas no funcionaban y que lo mejor sería que fueran amigos. Él era un obsesivo consumado y ella una histérica sin pasión. Se necesitaban, pero esto era lo mejor. Dejaron de hablar, era duro el camino por delante y mejor transitarlo sin mirar atrás: Marco Aurelio, Séneca y Cicerón, ¿de qué sirven? Ella lloraba y se deprimía, él luchaba por lo contrario, contra su obsesividad, contra sigo mismo. Pero esta vez el tiempo pasa, y con el tiempo las cosas. Y así pasaron tres meses, y se volvieron a necesitar. El instinto y la carne pudieron más y se volvieron a ver. Esta vez sin tanta sorpresa, cogieron, ella se puso la bombacha, él se levantó de la cama sólo para abrirle. Era fácil sacudirse el hastío verde entre las enredaderas del pasillo. Le dio un beso y la siguió con la mirada hasta la esquina. Ella se tomó el sesenta hacia la Paternal, el volvió a entrar y se tiró a dormir la siesta.
viernes, diciembre 15, 2006
El Palacio.
El rey, principalmente sentado en el sillón más principal, mira cómo la princesa deja pasar sus blondos mechones entre los finos dedos de la mano izquierda a la vez que utiliza la derecha para untarse rubor color carmín. A esto la reina sentada plácidamente sobre su chal, sombrero y minifalda no deja de mirar cómo el chiquito y cojonudo pero fanático de marilyn manson de su hijo príncipe hace las muecas más graciosas y divertidas frente al espejo en tanto sostiene al gato de la familia real entre su pulgar, anular e índice. El felino, por su parte, incomodado por la presencia de la guardia y de los curas y de toda la gente en general, y no sintiéndose particularmente bien aquel día por no haber hecho su purgación de la tardecita, no entiende del todo muy bien nada y a duras penas puede toser. Un policía se apuesta a cada lado de la puerta, uno mira para adentro y otro para afuera, se toman turnos, duermen la siesta, cada tanto van al baño y no hacen de las mejores migas con la reina, más o menos con la princesa y para nada mal con el rey; el príncipe no les habla. Los obispos, algunos gordos pero la mayoría flacos, esperan impacientes no se sabe muy bien qué cosa vestidos de violeta y azul según sus propiedades divinas y rango en la puer fellatio maioris. Los comunes están sentados en el patio y tras una larga competencia de mirar fijo al sol, todos terminan tirados en el piso con manchitas amarillas en los ojos cerrados. En las caballerizas un mozo jorobado pero de ojos azules y corazón profundo trataba de alimentar un caballo desganado a la vez que de ordeñar una vaca con síndrome de down. Ahí llegó una persona, otro mozo, alto y flacuchento, y se puso a ordeñarla. Termina de ordeñarla, se lava las manos y se va. Y vuelve. La princesa se asoma a la ventana, sorprendida, y lanza un grito. Todos la miran, todos miran para adentro. ¿Y el rey? La reina pierde la corona y se sobresalta. El príncipe precipitado por la peligrosidad de la pauperidad prioriza por lo pronto pegarse el palo. El gato se deja caer y, en su vuelta, vomita majestuosamente sobre el piso real. Los guardias míranse confundidos entre si y tras correr un largo rato en una no muy importante dirección dan con un agujero en la pared. La rata corretea con algo entre las manos por entre los pies de los guardias, esquiva al primero y al segundo pero no al tercero ni al cuarto. Los obispos quedan petrificados bajo la continuidad de la presencia del acto que es constitutivo de la esencia del acontecer, que es el ser. Los comunes chapotean felices en la fuente, patas hasta la rodilla, mientras cantan y bailan al rededor de la estatua. El primer mozo por fin logra hacer que el caballo pruebe bocado, tras una larga sesión de comer heno, así que para este momento mira con autosuficiencia sus labios partidos. El caballo se dedica a comer heno. El segundo mozo, extrañado, se pone a beber directamente de las ubres de la vaca: su tarde no va a ser tan buena cuando se entere que la vaca es transgénica. La vaca mira con ojos melancólicos un pasado que nunca fue. ¿Qué pasó? La reina siempre estuvo espolvoreada, el príncipe parado, los guardias sentados, la rata muerta, los obispos impacientes, los comunes festivos, el mozo devoto, el caballo con spleen, el otro mozo borroso y la vaca, mu. ¿Y la princesa? La princesa, otra vez, vuelve a gritar. ¿Qué le pasa? pregunta el rey. Ya nadie le presta atención. Arrugada y un poquito más gorda, vuelve a entrar. El rey se sienta en su trono y mira como quien lleva el vestidito colorado con calzas verdes pispea por el espejo a la mujer cuarentona y sin ganas que se sienta con una mezcla de superioridad y desdén en su principal banquito para controlar a su adolescente y alocada pero con buenas intenciones hija que camina hacia los hombres armados no sólo con la justicia que hacen como si no la vieran mientras se tambalean hacia unos ancianos vestidos de púrpura y azabache que les pasan correteando inhibidos por al lado en su procesión hacia las fuentes donde hay gente ya satisfecha que sólo piensa en comer al animal redondo, rozagante y todo peludito que para este momento es ordeñado por un chaleco y dos patas seguidas de una cabeza con sus respectivos ojos y orejas, todos concentrados en el suave relinche que emiten las satisfechas fosas nasales de río bravo mientras a su lado se sienta una persona con suficiente baba como para que no le importe.
